200 millones de niños y adolescentes en el mundo trabajan en lo que los organismos internacionales denominan las “peores formas del trabajo infantil”, cerca del 70% en la agricultura.
Por encima de debates acerca de la erradicación o no del mismo, decenas de miles de niños y adolescentes trabajadores se organizan frente a las condiciones de pobreza y exclusión a los que les condena la realidad de sus países. Defienden su derecho a trabajar para salir de la marginación y exigen derechos. Estas organizaciones de niños y jóvenes no consideran trabajo infantil, sino delito, actividades como la trata, la explotación sexual o la esclavitud.